

Llevo un año intentando sentarme a comentar esta auténtica obra maestra de este artistazo atormentado y creador de sensaciones repletas de melancolía, romanticismo y, por qué no, oscuridad a raudales. Un disco que, para el que suscribe, fue la banda sonora perfecta para una época de cambios, de mezcla de sentimientos, de cerrar una etapa y abrir otra nueva llena de incertidumbre, temores y aventuras. Un año más tarde, cuando todo se ha calmado, sigo en esta habitación del llanto donde Perry Blake arropa cada rincón con sus melodías de viento, cuerda y ligeras pinceladas de teclados, todos ellos de carácter introspectivo, doloroso, triste y otoñal, como bien demuestra su bellísima portada.
Desprovisto de todo artificio estético, Perry Blake y sus músicos (en el sentido más pleno del término) demuestra en su quinto trabajo que lo verdaderamente importante es la música y la multitud de sentimientos que esta genera, ofreciendo en “The Crying Room” el trabajo más intimista hasta la fecha, repleto de influencias diversas como la música de crooners, algo de pop, el trip hop (esta vez menos acentuado que en anteriores entregas), ligerísimos elementos electrónicos a modo de atmósferas y unos arreglos perfectos que, sumados a una producción inmejorable hacen de él un disco recomendable para gente con un espectro musical tan amplio que vaya desde Anthony and The Johnsons a Brendan Perry en solitario, pasando por los geniales Cousteau (con quienes ha salido de gira), un Bowie intimista, Nick Cave o David Sylvian (este último de gran influencia para el artista).
La voz de Blake sigue resolviéndose versátil, cambiante, mezclando tonos graves con los característicos falsetes que se gasta como contrapunto a la principal, aunque ambos de carácter sobrio y elegante, alcanzando cotas de inconmensurable belleza en cortes como “The Crying Room”, “These Young Dudes”, “I got what i wanted”, “If you don´t want me” o la imprescindible “Storms”, piezas capaces de arrancar innumerables emociones por su carga de melancolía.
Está claro que “The Crying Room” está alejado del mercado “oscuro” más estándar y obtuso, pero, cualquier alma sensible que busque nuevos estados de melancolía y belleza a través de buenas letras y excelente música encontrará en este un disco a tener en cuenta y que invita a ser oído durante toda la vida. Al fin y al cabo aquí se dan la mano todas estas sensaciones expuestas anteriormente, y elementos de la música oscura, aunque desde otro punto de vista. Si fuiste de los que las encontraste cuando oiste “Felt Mountain” de Goldfrapp, por poner un ejemplo, creo que estás preparado para conocer al señor Perry Blake e iniciarte en su mundo con esta obra maestra. Detrás de las máscaras a veces también hay verdad......y belleza. Como él mismo sentencia: “What you´ll find if you come is forgiveness”. Ha pasado un gran año, por fin lo he hecho.
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