

Realmente, cuando tengo el placer de paladear discos como este, y a la vez me viene a la mente el reciente cierre de este fantástico sello alemán, me doy cuenta de lo poco que muchos valoran el esfuerzo de los grupos y sellos por hacer oir sus propuestas. Lo peor, y este es el caso, es que, cuando son originales, y encima nos ofrecen un lenguaje que, sin ocultar sus influencias, abre un nuevo punto de partida y manera de ejecutar la electrónica, desgraciadamente ves como con este tipo de acciones todo parece irse al traste.
La cosa es que Dependent ha cerrado sus puertas por culpa de las descargas de mp3 por internet, sin el permiso de los artistas, vulnerando estos esfuerzos, lo que me reafirma en mi posición de acérrimo y aférrimo enemigo de estas acciones. Aunque tal vez la batalla esté perdida, me niego a no disfrutar de lo que me ofrece un artista en su conjunto, como es el caso de este dúo Austriaco que ha conseguido algo complicado en estos tiempos, y que solamente logran los genios: sacar una nueva obra maestra. Algo imposible de superar ha sucedido, un tercer capítulo de estos contadores de historias en mundos ficticios que vienen a ser completos símiles con nuestra propia realidad, envueltos en tonos futuristas y destilando elementos que, después de discos como el “Solutions for....” de Haujobb o el “Implode” de FLA, no había escuchado con tanta perfección en gran parte del panorama electro actual y de hace un par de años. Repertirse es fácil, pero innovar a veces cuesta, aunque Stefan y Markus lo hayan hecho tan sencillo desde que empezaron. Recuerdo que la primera vez que los oí me sonaron extraños pero me cautivaron, y , tras dos discos más, estoy preso en su universo para siempre. Jamás la electrónica sonó tan acompasada, tan calculada y tan sorprendente al mismo tiempo, con un componente orgánico extraño en el estilo. Unos arreglos que tan pronto me traen a la cabeza a Haujobb, a Forma Tadre, a Clock DVA o a los primeros Neuroactive, por nombrar unos cuantos. Pero Mind.in.a.box han ido más allá, mostrando maneras muy personales, con esas voces procesadas, explotando las posibilidades de su vocoder tan característico (“Amnesia”, “Fear” o “Stalkers”) sobre arreglos que se transforman a medida que se van desarrollando los temas, todos ellos de ritmos cuidados y arreglos pulidos hasta extremos que son calificados de genialidad, como ocurre en “What Used To Be”, poseedor de un final tan emotivo como pegadizo, o la más potente “Identity”, donde la voz ofrece registros diversos, a veces más altos y otras más en la línea del dúo, con sorprendente resultado. Y en medio de todo este maremágnum cibernético aparece “The Place” un corte a piano al que poco a poco se le suman sonidos envolventes, con un aire muy de soundtrack, y que me ha recordado al Vangelis en el uso de los teclados de fondo, al igual que ese tema de comienzo casi orquestal llamado “Run for your life” que cierra el disco.
Podría desmenuzar tema a tema esta genialidad sonora, pero creo que es preferible, antes de que no puedas conseguirlo en formato original que completes la historia iniciada con “Lost Alone” y “Dreamweb”, vamos, que añadas esta tercera pieza a un puzzle que, dicho por ellos mismos, no termina aún, por suerte para nosotros. Resumiendo, tres de tres, un pleno en toda regla, algo que sólo los genios consiguen. ¿ Alguien duda a estas alturas de que Mind.In.a.Box no lo sean? Para mí, el disco del año.
![]()