

Hablar de Arcana es hablar de un proyecto consolidado dentro de la escena oscura, es hablar de uno de los grupos más respetados que ha dado la inmensa factoría sueca. Sus álbumes se cuentan por éxitos, tanto dentro del mítico sello Cold Meat Industry como fuera de él. En este último, fue donde alcanzó su mayor fama, y aunque todos su discos son renombrables, sin duda su obra culmine fue el increíble Cantar de Procella (1997 CMI 55). Después de problemas con el sello y con algunos pesos pesados de éste, prácticamente Peter Pettersson (Ahora Peter Bjärgö), se vio forzado a abandonarlo. Esta mala experiencia le hizo formar su propio sello: Erebus Odora, pero la aventura no fue todo lo buena que se esperaba y la banda lo pagó duramente. Por un lado la distribución de sus trabajos se vio seriamente mermada, y por otro lado el formato de los trabajos no podía alcanzar la calidad que la banda merece. Como última referencia en dicho sello, la banda edita este “La Serpent Rouge”, que si bien es del 2004 (salió una versión americana en el 2005 a cargo de Projekt), creo que es indispensable hacer una reseña ya que sin duda se merece la mayor de las atenciones.
Como dije anteriormente la mala distribución y la pausa que tuvo la banda debido también a cambios en su formación, hizo que a un servidor se le escapara esta última referencia, pero como “más vale tarde que nunca”, al adquirirlo en el 2007, y oírlo con tranquilidad, no tengo más que, por un lado reproches hacia mi persona por no haberlo adquirido antes y por otro halagos hacia un trabajo sencillamente soberbio.
Si Arcana era conocido y admirado por algo, era por el uso que hacían de las voces, tanto masculinas como femeninas, aunque por supuesto que la música no se quedaba atrás. Los ambientes creados por sus sonidos iban un paso más allá del Dark Ambient, y unidos a las voces creaban climas oscuros a la vez que ancestrales, con un halo de misterio y una fuerza que muy pocas bandas podían igualar. Sin embargo todos esos detalles en su mayoría son olvidados en este trabajo, y digo en su mayoría por que en cuanto a calidad y oscuridad no han perdido un ápice, pero lo que queda patente es que la propuesta musical ha cambiado radicalmente. Aquellas maravillosas voces han desaparecido, utilizándose sólo para delicados fondos en un mar de sonidos rituales, que forman el lecho perfecto para la principal protagonista de este trabajo, “La Percusión”.
Pero no cualquier percusión, sino toda aquella que sirva para crear ambientes de corte étnico, para ello no han dudado en utilizar instrumentos percusivos de países como Egipto o Armenia. La percusión se utiliza de forma ritual, nunca acelerada, sin dejar ningún resquicio para la danza o la alegría, ya que no es su fin, y sin embargo tiene un ligero ritmo que te atrapa y te transporta. La conjunción entre los colchones oscuros creados a través de sintes se entremezclan a la perfección con las percusiones, consiguiendo un álbum tremendamente atractivo.
Un detalle que no se puede dejar de mencionar es el trabajo en el Artwork, la pena es que no se tuvieran más medios para dedicarle mayores recursos. Agnieszka Szuba, es su creador, diseñador polaco que se puso en contacto con Peter, para mostrarles los diseños que había hecho inspirados en la música de la banda. El acuerdo fue instantáneo, y la verdad no me extraña por que las imágenes que acompañan el disco son impresionantes. El Artwork además de elegante y compacto, encaja a la perfección con el espíritu del disco.
Mientras escribo este comentario, se que la banda está a punto de sacar un nuevo trabajo titulado “Raspail” en el sello kalinkaland, y lo único que puedo prometer sobre él, es que no se me va a escapar, y esta vez estoy seguro que lo disfrutaré inmediatamente.
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