SKINNY PUPPY
Respeto. Creo sencillamente que a los mayores, como se nos decía en la niñez, se les debe un respeto. En el caso que nos ocupa, al igual que me pasó hace tiempo con Front Line, hay que pararse, reflexionar y sobre todo, tener muy claro quiénes son Skinny Puppy y su significado. Pues bien, sin querer hacer una tesis (que se puede hacer) hay que decir, simple y llanamente que Skinny Puppy han sido los que han dado forma a lo que hoy conocemos como electrónica oscura, sentando las bases de este estilo hoy en día por fortuna muy ramificado, al igual que los derroteros que fue tomando el grupo con el devenir de los años. Lo que está claro es que la banda ha pasado por momentos tormentosos a pesar de saborear las mieles del éxito con cada trabajo que veía la luz, abarcando cada vez más una mayor audiencia y trascendiendo a terrenos propios del rock, cuyas puestas en escena han sido imitadas una y otra vez por formaciones de diversa índole dentro del circuito más underground. Nine Inch Nails, Marilyn Manson, Static-X, incluso la actriz Gillian Anderson (la famosa Scully de Expediente X) han confesado la fascinación que les supuso oir por primera vez a este auténtico monstruo electrónico e infernal, defensores de los derechos de los animales, detractores de toda forma de agresión contra la raza humana y la naturaleza, con una actitud de protesta, combatiendo la violencia con la propia violencia, bien fuera musical o estética, y ganándose un hueco privilegiado dentro de la historia de la música. Dentro de la escena por la que nos movemos, pues sobra decir quiénes son todos los “pupilos” del gigante canadiense, lo que sí está demostrado es las veces que se nos vienen a la cabeza cada vez que oimos una formación de electrónica oscura, permaneciendo inamovibles para todos, y por suerte, de nuevo en activo tras el paréntesis que decidieron tomarse después de la muerte de Dwayne Goettel en 1995 y la edición de un álbum póstumo. Giras, ideas, proyectos individuales y demás avatares dieron lugar a una reunificación de Ogre y Cevin Key para volver a editar nuevo material bajo el nombre de “The Greater Wrong Of The Right”, definido por la crítica convencional como una actualización del sonido “Too dark Park”, una etapa psicotrónica cuyos cortes tocaban diferentes palos, pero siempre con esa impronta del grupo en cada surco del álbum. La experiencia que ambos han tenido en solitario ha enriquecido aún más este tortuoso y caótico universo que representa su música, ávida de utilizar nuevas herramientas, y nos trae, dos años y medio más tarde este nuevo “Mythmaker”, con los fijos Hiwatt Marshall y Mark Walk como colaboradores en la producción y programación, un disco multidireccional mucho más orientado a medios tiempos que el anterior, más electrónico y con mayores atisbos de melodías perfectamente deconstruídas, manteniendo ese típico ambiente enfermizo y desestructurado que han emanado sus discos a pesar de moverse ahora con nuevos sonidos y rítmicas que, si eres un asiduo desde siempre, no te parecerán para nada extrañas, pues la linealidad nunca fue un rasgo característico de estos canadienses. Por eso siguen siendo historia aún por contar (espero que por mucho tiempo), gracias a cortes tan dramáticos como “Jaher” (que me recuerda a “Killing Game”), la rítmica “Politikil”, o la sobrecogedora “Ugli”, pasando por la fría y estéril “Ambiantz”, evocadora de los primeros Download por su marcada experimentación electrónica. Nunca la genialidad se nos ofreció tan dispersa. Y eso les hace seguir siendo merecedores del mayor de los respetos. A la felicidad mediante el caos. Como ellos bien dicen, “Jesus wants to be Ugly”. ¿Dónde les habré oído esto antes? |
||||
|
|
||||
|