

Obviamente calificar a Rotersand como una banda de future-pop sería tan simple como imprudente. Desde luego que poseen influencias del pop electrónico, tambien del futuro, pero dado el historial de estos monstruos y sumado a su veteranía creo que, para resumir, mejor oir su discografía y sacar conclusiones de manera personal.
El tercer disco de estos dinosaurios de la escena electro-wave ya es una realidad, disfrutable por fin al cien por cien y siendo una continuación de lo iniciado con “Truth is fanatic”, fraguado años atrás con aquel projecto que Rascal y sus compinches (militantes de la aún en activo histórica banda The Fair Sex) se sacaron de la manga a mitad de los noventa, llamado 1 a.m., y que sin duda, sería un precedente del sonido Rotersand, como te digo, mucho antes de que las nuevas corrientes eclosionaran a finales de la pasada década.
El caso es que “10 23”, cuyo título parece estar inspirado en su gira por la urbe americana el pasado año, sigue la línea de su anterior obra maestra y uno de los mejores discos de esta década, el imprescindible “Welcome to Good Bye”, disco, a mi parecer, que parece haber pasado sin pena ni gloria por nuestro país, y que posee temas que conjugan intensidad lírica y calidad compositiva alejada de esterotipos, en definitiva, un buen repertorio de temazos que confirmaron su línea ascendente y la capacidad del trío en desenvolverse de forma sobresaliente en diferentes espacios musicales dentro de la corriente electrónica y wave.
La música de Rotersand es plenamente electrónica, con diversidad de tempos y arreglos, manejando el estudio y los medios a su alcance con la precisión de un relojero suizo (la veteranía les avala), firmando cortes en los que el ritmo se detiene tras una oleada de frenetismo en un estribillo tan épico como oscuro (“Lost”), el piano toma protagonismo en medio de un entramado de ritmos ralentizados (“I am with you”) o le toca el turno a un acorde de guitarra que inicia un corte de wave pop electrónico con la siempre calidad vocal de Rasc (“I Cry”), la cual, según lo que exija el tema de turno, se endurece en el medio tiempo “The gods have gone insane”, se muestra rebosante de elegancia en las rítmicas “Rushing”, “Meaning is the drug” o “I don´t remember”, todas ellas de programación exquisita y aptas para pinchar en cualquier club electrónico por lo variado de sus influencias, todas ellas parte del universo Rotersand, quienes siguen dejando un pequeño espacio a esos temas más relajados con los que nos han obsequiado desde el comienzo de su andadura, como “Inner World”, que cierra este “10 23”.
Si los has seguido desde el principio ya sabes lo que hacer. No dudes en conseguirlo, pues, como sus dos anteriores discos, son de lo mejor de los últimos años dentro de la electrónica. Un valor a redescubrir con rapidez, puesto que, como ya sabrás (y si no te lo adelanto) el sello Dependent cierra sus puertas tras el verano debido a las descargas ilegales de música por internet. A todos los que llevan a cabo tales actos de robo en toda regla sin que les tiemble el pulso cuando “pican” con el ratón darles las gracias por no comprarse un disco alegando el manido tema del precio y promover esta nueva cultura que atenta contra el trabajo de los artistas. Dentro de poco nos quedaremos sin escena por la inconsciencia de una creciente panda de indolentes. A Rotersand y a Dependent nuestro más sincero cariño y respeto por seguir haciendo esfuerzos en este mundillo y encima cristalizarlos con discos como este. Welcome to Goodbye.
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